¿Y si la responsabilidad no fuera un Deber, sino una conversación?

responsabilidad e inteligencia emocional

La palabra «responsabilidad», muy presente en el concepto Inteligencia Emocional, a menudo suena a carga, a juicio o a culpa. Pero, ¿y si le diéramos la vuelta? ¿Y si la responsabilidad fuera, literalmente, nuestra respons-habilidad: la capacidad de dar una respuesta a las causas que Dios inicia en nuestra vida?

El Reto en el Cielo: El Misterio de Job

La historia de Job comienza con una escena fascinante y perturbadora. Dios presume de la integridad de Job, pero el «Acusador» lanza un desafío cínico:

“¿Acaso Job te es fiel de balde? Le has dado todo. Quítale sus bendiciones y verás cómo te maldice en tu cara”.

El argumento del mal es que nuestra fe es un intercambio comercial: somos buenos porque nos conviene, somos fieles porque todo va bien. Es fácil ser el «efecto» de una causa agradable. Pero el desafío era mayor: ¿seguirá Job respondiendo a Dios cuando la causa sea el dolor y el vacío?

Job lo perdió todo: bienes, hijos y salud. No hubo culpa, no hubo pecado previo. Fue una causa permitida en un plano que Job no alcanzaba a ver. Sus amigos le pedían que buscara su culpa, pero Job entendió algo superior: las cosas nos pasan más allá de la lógica del merecimiento, y es nuestra respuesta la que marca la diferencia. Vamos, que no somos la cusa de nuestras desgracias en muchas ocasiones.

En medio de las cenizas, Job no buscó un «por qué», sino que dio una respuesta de confianza: “Jehová dio, Jehová quitó; bendito sea Su nombre”. Job demostró que su conexión con la Causa no era por interés, sino por identidad.

La Causa Constante y Nuestro Eco

Si Dios es la Causa Primera, nuestra vida es una serie de respuestas. Dios no dicta sentencias; lanza preguntas a través de la realidad. Ser responsable es entrenar el oído para escuchar la pregunta detrás del evento:

El Evento (La Causa)La Pregunta de DiosLa Responsabilidad (Tu Respuesta)
Un talento natural¿Qué harás con esto que te confié?El desarrollo y servicio del don.
El sufrimiento ajeno¿Dónde está tu hermano?La compasión y la acción.
Un silencio prolongado¿Me amas por quién soy o por lo que doy?La fe pura y la perseverancia.
Una puerta que se cierra¿Confías en que Yo soy el camino?La resiliencia y la rendición.

Cómo Instrumentar tu Respuesta: El Protocolo

¿Cómo nos volvemos maestros en esta conversación divina?

  1. Silencio Receptivo: En el ruido del reclamo («¿por qué a mí?»), no se oye la voz de la Causa. La respuesta nace en la quietud.
  2. Traducción Consciente: Deja de buscar culpables. Empieza a buscar «para qués». Cada circunstancia es una pregunta que espera tu mejor versión.
  3. Ejecución con el Corazón: La respuesta no es una frase bonita, es una acción. Si la causa es la sed de otro, la respuesta es el agua.

El Desafío Final: ¿Te subirías a la Carretilla?

Para cerrar, recuerda a Charles Blondin, el equilibrista que cruzaba las cataratas del Niágara sobre una cuerda floja. Un día cruzó empujando una carretilla y la multitud rugió de admiración.

“¿Creen que puedo cruzar llevando a una persona dentro?”— preguntó Blondin.

“¡Sí, creemos!”— gritaron todos.

“Bien”— dijo él—, “¿quién de ustedes se sube a la carretilla?”.

Nadie se movió. Es fácil creer «de lejos», cuando todo va bien. Pero la verdadera responsabilidad es subirse a la carretilla de Dios. Es aceptar que, si Él es la Causa, nosotros somos el efecto que camina sobre el cable con Él, confiando plenamente en Su equilibrio, incluso cuando abajo solo se ve el abismo.

La plenitud no es que no te pasen cosas malas; es no dejar ninguna pregunta de Dios sin responder.

Hoy, ante lo que te suceda, no preguntes: “¿Por qué me pasa esto?”. Pregunta: “Señor, ¿qué me estás preguntando con esto?”.

Y entonces, sube a la carretilla. Tu vida es la respuesta.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio